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Amor de cuarto creciente
Dos dragones
custodian una mirada
hechizada por el fuego
que en larga lengua enciende
una piel de raso pálido.
Pétalos morados se cierran
al pistilo húmedo y dulce
de una boca de grana
perlada de rocío nocturno…
Surcan la curva de su cintura
trashumantes palomas
de cálido aliento
en incesante vuelo que sube
a nacaradas colinas.
El gemido astilla el silencio
de la noche muda encerrada
en cuatro pareces de cuarto creciente.
En río de rosadas orillas
se dibuja un encaje
blanco de dulce esperma
Los dragones se duermes
detrás de dos párpados violáceos
Angela Teresa Grigera.
Punta Alta _ Argentina
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